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Constelaciones Cuánticas, un Si a la vida tal como es

Las Constelaciones Cuánticas son una evolución de las constelaciones familiares

Desde la visión de las constelaciones cuánticas, aprendemos a responsabilizarnos de nuestra vida.


Todo lo que existe se nos presenta bajo dos formas: En forma de partícula o en forma de onda.

En forma de partícula sería toda la materialización de lo que veo a mi alrededor, la realidad que vivo en este momento, lo que SI estoy experimentando actualmente en mi vida. Y en forma de onda serían todas las formas no realizadas de probabilidades, todas las posibilidades diferentes que existen más allá de la realidad que yo estoy viviendo actualmente en este instante.

La realidad que observamos se presenta en forma de partícula.
Cuando observo en mi vida algún problema, algún dolor o enfermedad, estoy mirando la partícula. Estando continuamente en la culpa o en el pasado, regodeandonos en el dolor o en aquellos acontecimientos que sucedieron y que quisiéramos no hubiesen sucedido supone un revivir a cada momento aquella misma energía que nos impide estar en el momento presente y aprovechar nuestra vida.

A partir del momento en que dejamos de observar la partícula y decido abrirme a lo nuevo, mi realidad (partícula) salta a una nueva onda (nuevo nivel superior de frecuencia) y comienza así a materializarse una nueva partícula o realidad de vida de una frecuencia superior.

Se da el salto cuántico de una realidad determinada hacia una nueva realidad que no se encuentra en la polaridad anterior. Se da así el paso a una nueva realidad de una mayor frecuencia.

Los pasos a seguir serían: Estar en el observador que acepta mirar todo, tal cual como es, incluso lo que no me gusta, aceptar todo tal cual como es. Honrar y agradecer lo observado. Separarme del pasado. Elegir la vida y abrirme a todas las posibilidades, sin intención. El gran campo sabe como puede transformar mi destino. La solución buena para uno es siempre la solución buena para todos.

El observador transforma lo observado, y lo observado a su vez transforma al observador. Si observo todo con miedo o con rencor, desde la queja, esto es lo que aumentará. Si todo lo miro desde la honra y el agradecimiento, se transforma mi realidad en otra de mayor frecuencia.

Por lo tanto tenemos una gran responsabilidad hacia todo lo que existe ya que nuestra mirada lo cambia todo. Es mi responsabilidad si me aferro al pasado desde la queja, o si decido agradecer todo como fue, soltarlo y abriéndome a nuevas posibilidades de crear un inmenso campo mórfico de esperanzas para todos.

Un abrazo a tod@s.
Graciela del Pino Rava


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